Del Tránsito (Pablo Lucio Paredes)

En todas partes se discute cómo mejorar la circulación de vehículos privados y de transporte público, para evitar tanta congestión, contaminación, accidentes, etcétera. Tema complejo porque entran en juego todos los factores de la vida en sociedad: economía, cultura, tecnología, capacidad gubernamental y más.

El vehículo particular, con más de 100 años, es uno de los grandes cambios de la sociedad moderna (hacia movilidad y libertad), y por ende es aspiracional; las familias se esfuerzan en progresar, entre otras cosas, para tener un vehículo propio. Por eso no son fáciles los mecanismos que empujan el uso del transporte público, las bicicletas, el no hacer exceso de obras (porque facilitar el flujo de autos… genera más flujo de autos), los impuestos adicionales o las pico y placa. Sin embargo, debemos estar conscientes de que el auto individual es un gran absurdo improductivo; por ejemplo, que circule una persona sola en su vehículo mientras otros van en la misma dirección por otros medios y luego esos vehículos se quedan parqueados. Hay una paralización y bajo uso impresionante de esos activos. Calcule usted que si se han comprado cerca de 1 millón de vehículos en los últimos 10 años en Ecuador, son 15 o 20 mil millones de dólares con un uso insuficiente.

La tecnología juega y jugará un rol importante. Por ejemplo, para adecuar mejor los semáforos al tráfico. O permitir que la gente se guíe mejor y escoja rutas menos congestionadas. O para evitar el absurdo improductivo antes señalado, que se desarrollen viajes compartidos (incluyendo mecanismos como Uber o Cabify, que permiten que casi cualquiera pueda convertirse en transportista); o vehículos compartidos, como el alquilar un auto solo por las horas o minutos de uso (lo cual requiere de un cambio radical de visión sobre el auto que ya no podrá ser eventualmente un objeto de estatus, sino solo un medio de transporte). O en el futuro los autos sin chofer, lo cual cambiará industrias enteras (de seguros, por ejemplo). O (lo hay en algunos países) cobrar una tarifa mayor o menor por el uso de las vías dependiendo de horas o congestión (así la gente se esfuerza en “calcular” cuál es el mejor momento para circular y dónde).

Pero nosotros estamos, en muchos aspectos aún, en la etapa anterior. Antes que tecnología necesitamos mejorar comportamientos: ¡cuánto se ganaría solo con que la gente no vaya “de vivo” inventando la tercera o cuarta fila! O que no bloqueemos las intersecciones solo para ganar ínfimos segundos. O que las autoridades abran los ojos a cosas sencillas: por ejemplo, marcar en el piso que una calle es de dos vías ayuda a que la gente circule en dos vías en lugar de una (así se gana una vía entera sin haber invertido sino pintura). O respetar a los peatones (y viceversa). U ordenar el transporte público para no ver los problemas y, peor aún, los accidentes que generan continuamente (buena tecnología bien controlada sería muy útil… ¡pero la corrupción evita esos controles!)… Necesitamos tecnología y dinero, pero sobre todo mejor cultura que no cuesta tanto… pero es más difícil! (O)