El Sur de Quito aún clama por agua.
Los quiteños y no quiteños hemos soportado las 48h00 más difíciles por la falta de agua. La noticia no fue de impacto en algunos medios de comunicación. La primera noticia fue el caso Glas la que abrió los espacios informativos y esta, la más importante, quedó el quinto o sexto lugar. Cuando debió ser la nota de impacto. Media ciudad sin agua, la gente forcejeando y maltratándose por una botella de agua y no era noticia para abrir los noticiarios de la televisión.
Los tanqueros de Agua de Quito no llegaron a todos los lugares. La desesperación por falta de tanqueros llevó a la gente de Solanda a recoger agua de la pileta del Mercado Mayorista y, de paso, refrescarse un poco. Desde las 08:30 hizo filas en algunos sectores a la espera del abastecimiento del líquido vital; otros prefirieron pedir el agua a los vecinos caritativos de otros barrios del norte.
Para el medio día de hoy el Alcalde Mauricio Rodas, ha ofrecido que se irá abasteciendo paulatinamente a la ciudadanía de agua.
Además una comisión especial investiga las causas del deslizamiento en El Troje
Es la escombrera más grande de Quito, que el martes 5 de diciembre del 2017 por la noche colapsó: 150 000 m³ de tierra se deslizaron montaña abajo taponando 300 metros del canal de agua Pita-Puengasí, por donde va el líquido vital para abastecer a 600 000 personas, casi el 25% de la población de Quito.
Según Juan Zapata, secretario de Seguridad del Municipio, se formó una comisión multidisciplinaria entre la Emgirs, la Epmaps y la Secretaría de Riesgos para investigar las causas del deslave.
La suspensión de agua afectó a 12 casas de salud que se localizan entre la avenida Morán Valverde (sur) y la Naciones Unidas (norte). En las Unidades Municipales de Salud Sur y Centro la atención en consulta externa fue suspendida a partir del mediodía del 7 de diciembre . Allí se atendió solo en emergencias.
En el centro la falta de agua potable complicó a los locales del Centro Histórico. Guadalupe Flores, propietaria de la cafetería Dulcería Colonial, ubicada bajo la Catedral, se vio obligada a vender la comida en utensilios desechables para evitar usar agua lavando la vajilla. “No han llegado tanqueros”, sostuvo.
Los baños públicos del Centro Histórico permanecieron inhabilitados. Los locales de venta de comida tuvieron restringido el acceso a sus baños.


