Año bisiesto 2016 de 366 días

feliz_ano_nuevoViernes, 01 de enero del 2016. Año bisiesto. Período de 365 días (366 días, los años bisiestos), dividido en doce meses, que empieza el día 1 de enero y termina el 31 de diciembre.

año bisiesto (o año intercalar) Año que tiene 366 días en lugar de 365, en el que febrero tiene 29 días en lugar de 28; se repite cada cuatro años, excepto cuando el año acaba en dos ceros.

Año bisiesto es una expresión que deriva del latín bis sextus dies ante calendas martii (sexto día antes del mes de marzo repetido), que correspondía a un día extra intercalado entre el 23 y el 24 de febrero por Julio César. En el calendario gregoriano, calendario hecho por el papa Gregorio XIII, este día extra se colocó al final de mes (29 de febrero). El 24 de febrero era el sexto día antes de las calendas (primer día del mes) de marzo. Los romanos no contaban los días del mes del 1 al 31, sino que tomaban tres fechas de referencia: calendas, nonas e idus. Para contar se incluía el día de referencia (en este caso, el 1 de marzo).1

Este día se añade para corregir el desfase que existe entre la duración del año trópico: 365 días 5 h 48 min 45,25 s (365,242190402 días) y el año calendario de 365 días. Esto requiere que cada cuatro años se corrija el año calendario por una acumulación no contabilizada de aproximadamente 1/4 de día por año que equivale a un día extra.

En el calendario juliano se consideraban bisiestos los años divisibles entre cuatro. Así, el año juliano duraba 365 días + 0,25 = 365,25 días, más que el año trópico, que consta de 365,242190402 días.

Según el calendario gregoriano, la regla para los años bisiestos es la siguiente:

Transcurría el año 49 a. C., cuando el dirigente Julio César llegó a Egipto. Hasta entonces el calendario romano cargaba con siglos de desfases debido a su imprecisión. Entre otras cosas, Julio encontró un excelente calendario en las tierras de la faraona egipcia Cleopatra. Fue entonces cuando delegó a Sosígenes de Alejandría, astrónomo, matemático y filósofo, la tarea de diseñar un nuevo calendario a la altura y exactitud que el imperio necesitaba. Sosígenes entregó a Julio su calendario entre el 48 y el 46 a.C., basado principalmente en el calendario egipcio, pero conservando los nombres de los meses romanos. Este calendario poseía una duración de 365 días y un día adicional inicialmente cada cuatro años, para compensar un desfase natural producido por la revolución no sincrónica de la Tierra en torno al Sol.

La compensación de los desfases que tenía acumulados el calendario romano obligó a que el año 46 a.C. se convirtiera en el año más largo de la historia, con 445 días de duración para compensar e iniciar nuevamente de cero. A este inusual año se le llamó «año juliano» o el «año de la confusión».

¿Por qué 2016 es un año bisiesto?
Un año es bisiesto si es divisible por cuatro, y este próximo toca, de modo que febrero de 2016 tendrá 29 días y el año completo 366.
Este día se añade para corregir el desfase que existe con la duración real del año, que es de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,25 segundos.

Año nuevo, vida nueva.Así comenzamos el 2016 un año bisiesto que tendrá 366 días, uno más que en 2015. Cada año bisiesto surgen anuncios de catástrofes, hechos extraordinarios o acontecimientos únicos, buenos y malos. ¿Qué nos deparará este año?

Un año es bisiesto si es divisible por cuatro, y este próximo toca, de modo que febrero de 2016 tendrá 29 días y el año completo 366. Este día se añade para corregir el desfase que existe con la duración real del año, que es de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,25 segundos.

Estas casi 6 horas de más se acumulan cada cuatro años y se le suman a febrero porque el cómputo que se realiza depende del solsticio de invierno y de la distancia de la luna respecto a la Tierra. Con ello se evita que las fechas astronómicas y cronológicas dejen de coincidir.

Según ha explicado a Europa Press el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Manuel Manianes, los años bisiestos fueron implantados por Dionisio ‘El Pequeño’, un monje de Turquía que en torno al año 200 (d.C) halló la diferencia entre lo que contaba el calendario juliano y la realidad. Si ese desajuste no se corregía, en el plazo de 500 a 600 años, el solsticio de verano podría suceder en el solsticio de invierno y viceversa.

El monje observó que, para que todas las fechas coincidieran en el tiempo, era preciso añadir un día a febrero para hacer realidad esas seis horas de más que tiene cada año y que no se cuentan el resto de los años.

Según Manianes, entre las «consecuencias más dramáticas» de no existir el año bisiesto, los seres humanos no podrían seguir el ciclo de la naturaleza, ya que, por ejemplo, la floración de las plantas se daría en lo que conocemos como verano cronológico. «Si no añadiéramos a febrero un día, no podríamos controlar ningún fenómeno a través del calendario», señala.

El experto asegura que, aunque el año bisiesto «arregló los desperfectos que había», aún así quedan unas pequeñas diferencias que, en un año o lustro no se aprecian, pero que se notan a largo plazo. De hecho, los científicos corrigen y regulan estas décimas de segundo tanto en los relojes como en los calendarios. En la misma línea, hay fiestas litúrgicas que no cambian de fecha y otras que son movibles, dependiendo de las lunas, como Carnaval o Semana Santa.

Es pues a Dionisio ‘El pequeño’ a quien se deben las dataciones que rigen en la actualidad ya que el calendario juliano, además, tenía un error de tres años en el cómputo general, por lo que Jesucristo podría haber nacido tres años antes o tres después.

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