Lo único viejo es mi colchón ya no mi energía
Todo comenzó con mis primeros olvidos de memoria supuse que era por el viejo que me encuentro y no le tome atención a que probablemente podría agravarse mi condición, día tras día la pérdida de memoria se intensificaba y esto hacia que olvide tomar mis pastillas e incluso olvidar si ya me había bañado esto no solo comenzó a fastidiarme a mi sino también a mi mujer.
Ella como todas las mujeres que conozco son más preocupadas con la salud y me llevo al centro de salud N°8 Cotocollao que tenía Historia clínica me atendieron como siempre y me dijeron que debo ver a un médico especialista, no podría mentir esa noticia me asusto un poco porque pensé que estaba algo mal conmigo.
A las tres semanas me llamaron del Hospital del Adulto Mayor. Yo había escuchado de este hospital por que algunos compadres habían sido atendidos allá pero como ellos tienen seguro y yo no nunca pensé acceder allá, la sorpresa me la lleve yo cuando supe que era del Ministerio de Salud Pública.
Antes a duras penas existían centros de salud, ahora hospitales especializados para nosotros los viejitos eso me hizo sentir importante. Cuando ingrese era un ambiente muy distinto al que estaba acostumbrado a ver en muchos lugares públicos, los guardias eran amables la señora de la ventanilla me saludo antes de preguntarme en que podría servir, yo estaba acostumbrado a ver la típica señora molestosa que me grita por que no escucho bien y me pregunta grosera que quiero mientras se veía las uñas como sacándose el sucio. Le explique que me habían dado una cita que me hice ver en el centro de salud y me mandaban a este hospital, me dijo que tome asiento que me iban a llamar de admisiones.
Me abrieron la historia clínica que cabe recalcar para tomarme los datos hasta nos hicieron sentar a mí y a mi esposa, después de todas las preguntas me tomaron los signos y me atendió la doctora. Efectivamente tenía algo que me supo explicar que era principios de Alzheimer y esto muchas personas la padecen, yo pensé que con eso me mandaban unas cuantas pastillas y a la casa, pero no, me explico que aparte de medicación necesitaba sesiones de rehabilitación cognitiva y que eso si tengo que ser muy puntual y estricto con las sesiones con el fin de mejorar mi condición de vida.
Cuando ingrese al hospital pude apreciar el cálido ambiente que percibí el guardia me saludó, todo era limpio y amables eso para mí fue algo que casi no creía, la gente en estos tiempos ya no respetan nada antes las canas daban más respeto ahora tener canas es sinónimo de inutilidad, es como que ese cambio nos estuviera denigrando, como que quieren aislarnos sin darse cuenta que tarde o temprano muchos llegaran a nuestra edad, no les gustaría ser tratados de esa manera. A veces me subo al bus y no es que me muera por ir sentado pero casi nadie sede el asiento la gente a olvidado los buenos modales de decir buenos días y muchas gracias como si eso quitara un poco de su humanidad.
El trato que vi en este hospital del Ministerio fue distinto, la mayoría de veces uno asocia al ministerio con un trato malo, pero en realidad este hospital fue la excepción, la gente lo comparaba con una clínica pagada de altísimo nivel yo no les creía pero en realidad era mejor de lo que me habían contado. Se siente un ambiente familiar que muchas veces deja con la boca abierta a más de uno. No se convenzan de mis palabras, vengan a visitar, conozcan y vean esta realidad que no solo a mí me sorprendió.
Ahora sigo haciendo mis terapias me siento más fuerte y en realidad puedo decir que en nuestra vida lo único viejo es nuestro colchón ya no nuestras vidas. La actitud que tengo con la vida ya es distinta ya no me deprimo ahora soy dinámico y ágil. Ahora solo regalo sonrisas y no dolores de olvido.
Fuente CZ9
