Irene Escolar: «Muchas mujeres podrían sentirse identificadas con Juana la Loca»
Vista de perfil, con el Dsquared2 de plumas de marabú, tiene algo de aristocrático: un aire de distinción a lo Dama del armiño, de Da Vinci, o de cualquiera de esas nobles de piel sedosa que inmortalizó Rafael Sanzio. Se entiende por qué la productora de la serie Isabel (TVE) la ha elegido para interpretar a Juana I de Castilla, apodada la Loca, para su nueva temporada. Como su personaje, Irene Escolar (Madrid, 1988) es de buena familia, está más que preparada… y muy enamorada.
Por sus venas no corre sangre azul, pero sí titiritera, que es más espesa y con más abolengo. Es sobrina nieta de Julia y Enrique Gutiérrez Caba y nieta de la enorme Irene, una actriz que marcó cuatro décadas de interpretación en España. En los documentales sobre su abuela hay imágenes de ella, de bebé, en los brazos de la diva, abrazo angelical que todavía hoy perdura, pues la fotografía de la matriarca preside como un talismán su camerino. De ella nació el primer impulso de una pasión incontenible por tramoyas, proscenios y candilejas; de Julia, de Enrique, de sus padres, una gravedad en el habla impropia de su edad. «En mi casa el teatro siempre se ha valorado. Llevo 15 funciones con personajes muy distintos y complejos, es un trabajo que me ha dado muchas tablas. Tenía claro que quería formarme en los escenarios. Si luego salía un personaje de televisión, ya lo aprovecharía».
Tras sus Mamet, Vargas Llosa y Zorrilla, tras sus Carol, Crystal o Jean, tras compartir funciones con estrellas que no precisan de apellidos para ser reconocidas como Aitana, Terele o Marisa, por fin ha llegado la ocasión. «Juana me parece la puerta de entrada soñada a la televisión. Puede salir bien o mal, pero es un personajazo. Quizás de alguna manera inconsciente me estaba reservando, porque es muy difícil encontrar papeles femeninos protagonistas tan potentes. No hay tantos para elegir: o te tocan Lady Macbeth, Medea u Ofelia… o te toca Juana. Es un lujo, porque es vehemente, compleja, vulnerable y marcó la historia de Europa». Como un buen clásico, sigue vigente hoy en día: «Lo que menos relevante me parece de ella es el amor por su marido. Fue una de las mujeres más maltratadas de la historia, traicionada por su padre, su esposo y su hijo… y, aun así, siempre cumplió con ellos. Creo que muchas mujeres se pueden sentir identificadas».(El Pais)
