Las potencias debaten sobre el rol de los robots asesinos
En 2012, esta industria movió $5 600 millones. para 2018 subiría a $7 500 millones
Representantes de los 117 países suscriptores de la Convención de la ONU para la Prohibición de Armas Inhumanas analizan su impacto en un encuentro de cuatro días que se inició ayer en Ginebra.
Ayer, en Ginebra, se inició el primer debate internacional entre Gobiernos sobre el futuro de los robots asesinos y su utilización cada vez mayor.
En ese foro, organizaciones civiles han denunciado que las autoridades transfieren la decisión de matar a las máquinas.
Se trata de las denominadas armas autónomas. Las más conocidas son los aviones no tripulados o drones. Pero también pueden ser terrestres y marinas, bajo formas muy diversas.
Los 117 países firmantes de la Convención de las Naciones Unidas para la Prohibición de Armas Inhumanas analizarán hasta el viernes el impacto de este nuevo tipo de armas. Si bien existen desde hace tres décadas, su utilización se ha expandido en la última, tanto para la realización de operaciones militares como para mantener el orden.
Al no existir una regulación internacional en la materia se carece de cifras globales sobre cuántas unidades de robots asesinos hay en funcionamiento. Sí existen datos fiables por países y que presentan a Estados Unidos y China como sus principales productores y consumidores.
EEUU es el líder en la robótica militar y tiene desplazados unos 11 mil vehículos aéreos no pilotados y 12 mil robots terrestres. China, Israel, Taiwán, Corea del Sur, Reino Unido y Rusia también producen este tipo de armas.
Según la firma de investigación Global Industry Analysts, las proyecciones indican que esa industria está en plena expansión.
Se estima que llegarán a gastarse $7 500 millones en 2018, frente a $5 600 millones en 2012.
Los tipos de robots de combate que se desarrollarán incluirán los que tendrán por misión desactivar o hacer explotar bombas, vehículos submarinos para la vigilancia y otros que pueden transportar equipos en tierra, siempre de forma autónoma, es decir sin que medie la intervención humana.
Las posibilidades de aplicación de la robótica en seguridad son amplias, como lo muestra Israel que ha producido un vehículo autónomo que patrulla sus fronteras y detecta y detiene eventuales infiltraciones.
Organizaciones defensoras de los DDHH consideran que el uso no regulado de esa tecnología los amenaza de forma directa, independientemente de su utilización en períodos de guerra o como herramienta en manos de servicios del orden.
Steve Goose, delegado de Human Rights Watch (HRW), una de las entidades civiles que más trabaja en esta temática, cree que los Gobiernos deben rechazar las armas totalmente autónomas y prohibirlas preventivamente ahora, antes de que sea demasiado tarde.
Las entidades civiles que se oponen a los robots de combate defienden la adopción de una legislación internacional que las prohiba totalmente. Algo que expertos consideran improbable dada las fuertes inversiones que se han realizado en esta área.
Uno de los mayores temores es que, al ser totalmente autónomos, los robots sean propensos a matar indiscriminadamente pues no pueden ser programados para manejar cada situación.
Al inaugurar la cita de ayer en la sede de la ONU en Ginebra Michael Moller, su director, pidió que los delegados actúen de forma responsable y con un enfoque preventivo. Según él, a menudo, el derecho internacional solo responde a las atrocidades y al sufrimiento causado.
Ante los miles de asistentes al foro mundial, el vocero de la ONU dijo “Ustedes tienen la oportunidad de evitarlo tomando acciones preventivas”. (EFE y Red.HOY)
ONG lideran una campaña mundial contra su fabricación
El año pasado, Human Rights Watch (HRW) lanzó una campaña internacional para que se prohíban los robots asesinos antes de que el creciente uso de aviones no tripulados en los conflictos lleve al desarrollo de máquinas capaces de elegir blancos y disparar sin ningún tipo de intervención humana.
Según la ONG, el uso cada vez mayor de estas armas teledirigidas ha modificado radicalmente los métodos de combate en la última década y generado nuevos desafíos humanitarios y jurídicos. Por ello, promueve que organismos internacionales de DDHH impidan la fabricación de robots armados con capacidad letal.
HRW considera que los robots de combate transgreden los límites morales y legales y deberían ser rechazados como una posibilidad irreconciliable con la conciencia pública.
A esa campaña se han adherido 22 ONG que exigen la intervención preventiva y total de las armas completamente autónomas, pues se teme que podrían ver la luz en 20, 30 años o incluso antes. Así consta en un informe elaborado por expertos de HRW y de la Harvard Law School.
Los Gobiernos deben rechazar las armas autónomas antes de que sea demasiado tarde’. Human right watchs
EEUU tiene 11 mil drones y 12 mil robots. China, Rusia, Israel, Taiwán, R. Unido y Surcorea los producen también.
A menudo, el derecho internacional solo responde a las atrocidades’. Michael Moller, ONU. (HOY)
